
En pleno agosto, con el sol trabajando a pleno rendimiento por primera vez en este verano, recuerdo mi primer empleo, 14 horas en la recta de la N232 que apunta a ausejo, sin una nube en el cielo que protegiera mi blanquita piel, paraba coches intermitentemente para que gente como el de la foto pudiera asfaltar la vía.
Aquel trabajo, y otros como el de la fábrica de embutidos en la que saqué dinero para costearme los sanmateos, me hicieron darme cuenta de que eso no era para mi. Pasaban 3 horas de la jornada y ya tenía ganas de volver, ahora trabajo 12 y cuando me voy a la cama aun pienso en cómo podía haber mejorado mi forma de trabajar ese día o planifico la forma de trabajar del día siguiente. Me alegro de ser fotógrafo.