
Tantas veces hemos visto una "tregua indefinida y sin condiciones" o una "suspensión de su campaña de acciones armadas" o un "alto el fuego permanente, general y verificable" que un "cese definitivo de la actividad armada" podría pasar simplemente como otro de los comunicados de la banda, y más si tenemos en cuenta que se produce un mes antes de las elecciones que decidirán en futuro de los próximos cuatro años del país.
Como me gustaría que nadie tuviera que escuchar la historia de una compañera de clase de 18 años a la que su padre, por ser concejal en el País Vasco, le tiene que enseñar (antes de sacarse el carnet de conducir) cómo reconocer si su coche tiene una bomba lapa pegada en los bajos.
Pero de verdad que me encantaría que hoy fuera un día de llorar. Llorar, no por la muerte de una persona que defendía sus ideas te gusten o no, no por la empatía sentida por una persona privada de libertad durante 532 días, sino llorar de felicidad porque todo eso quedó atrás.
Y que no decidan las balas sino los votos.